Comparto con ustedes un texto que acabo de escribir sobre mi director de cine contemporáneo favorito: Clint Eastwood. Se trata de un recorrido que toma como base el título de una de sus películas memorables: "El bueno, el malo y el feo" analizando su obra con su propio estilo como director:
Clint Eastwood: El bueno, el malo y el feo
Si quieres leer otros textos sobre este autor:
El viejo cowboy se cansó de matar
Eastwood perdió su "invictus" y
El último clásico del cine
Jero…
Hace pocos minutos –en esas conversaciones tan cortas que nos permitimos y que parecen telegramas virtuales- discutíamos sobre las diferencias y los gustos con los diálogos: dialogo literario vs. Dialogo cinematográfico; sin embargo, a Dios lo que sea de Dios y a Clint Eastwood lo que sea de Clint Eastwood. Reiterando mi idea, y abonando tu excelente ensayo, me permito hacer la siguiente analogía, tal vez inocua y fuera de lugar, pero es el punto donde el texto se convierte en imagen (película) y el cine lo resume en imágenes.
En las rutas de Madison, él (Clint Eastwood) no recurre a líneas ni diálogos, mucho menos al drama, pero es suntuoso verlo completamente frágil y vulnerable bajo la lluvia. Él no está esperando que ella abra la puerta y se lance a abrazarlo para construir una nueva vida planeada en sólo tres días, sabe que no lo hará; simplemente, le demuestra que él -no sólo bajo la lluvia estará pensando en ella, es un sentimiento de porvida-. ( No es decir que la esperará, reitero: L-A --- P-E-N-S-A-R-Á ---Y--- L-A---R-E-C-O-R-D-A-R-Á), pero el punto álgido de la escena –donde él conduce como uno de los mejores directores- es el complemento de Meryl Streep, que se sumerge en esa impotencia circunstancial y sentimental abrazando la manilla de la puerta, fuerza que se aminora mientras ella se derrumba y su esposo no se da ni por aludido con todo lo que pasa delante de él, incluso cuando en el auto del frente, él (Clint Eastwood) saca la cruz y la cuelga del retrovisor, todo esto hasta que el semáforo cambia, él desaparece y ella queda hecha polvo.
Esa escena es trascendental en los nuevos clásicos del cine, ¡es única! ¡Es de mis preferidas!
Ahora bien: Mi personaje, el lustro de los pensamientos más incómodos que podemos tener todos como seres humanos, la muestra –siglos atrás- de los planos que utilizaría Freud, ¡HAMLET! No había imágenes, aunque fuera un personaje creado para el teatro, todo eran palabras y cuestionamientos que cualquiera de nosotros puede formularse en diferentes adversidades de la vida, pero su juego de doble personalidad lo ha llevado a no morir, a no ser una obra pasajera y todo eso gracias a las palabras.
Para terminar –creo- y expongo mi analogía: Hamlet es a las palabras de la existencia humana y sus agujeros negros como Clint Eastwood a una imagen elocuente –sin palabras- bajo la lluvia.
Ahora una pregunta, ¿Cómo hubiera sido Hamlet de Mel Gibson dirigida por Clint Eastwood?
No lo hizo mal –creo- sacó al personaje de esos cuadros de monólogos largos y desesperantes que aburrían a todo el mundo, y lo hizo muy bien; sin embargo, el personaje perdió sus cuestionamientos más trascendentales, ¿qué hubiera hecho un Clint Eastwood en ese caso con sólo imágenes?
¿Qué pensás, Jerónimo?
Andrés Candela