Iniciando este mes de junio, la revista Entertainment Weekly ha publicado el resultado de una encuesta en la cuál se eligió a los mejores personajes de ficción de las dos últimas décadas. El ganador, Homero Simpson obtuvo un abrumador 67,5% frente a su más cercano rival, Harry Potter (6,34%)... pero Homero ni se enteró, pues estaba comiendo rosquillas muy feliz en su sofá, rascándose la espalda con su Grammy.
Esta encuesta, tan intrascendente, es sólo una excusa para hablar de quien también es mi ídolo, aunque siempre nos haga sentir un poco de vergüenza ajena.
Cuando Matt Groening pensó en crear a Homero lo hizo basándose en su propio padre (Homer Groening) y en el esterotipo del hombre de clase media norteamericano con sus problemas de sobrepeso, grosería e incompetencia. Quienes seguimos fielmente esta serie hemos sido testigos de como Homero se ha apoderado de la pantalla, robando protagonismo a los otros personajes de la serie de manera increible, teniendo en cuenta que pocas de sus características son admirables. Homero es la síntesis de nuestra época en un sólo personaje. Algunos dicen que sólo retomó el cliché del padre tonto de las series americanas (que no sé hasta que punto sea ficción), otros critican su pésima actitud frente a casi todo y su posición políticamente muy incorrecta que lo ha llevado a coquetear permanentemente con el delito, las drogas y la infidelidad, entre otras cosas... pero a él no le importa y si pudiera se iría a los golpes (con mordiscos y golpes bajos incluidos) con los protagonistas de "Family Guy" o "American Dad" por tratar de imitarlo. Y es que Homero es como el miembro raro de la familia a quien tratamos con desconfianza pero también con cariño.
Si yo fuera historiador, pondría "Los Simpson" en la válvula del tiempo que deberán abrir en cien años para explicar quienes somos los seres humanos de occidente y cuáles nuestros vicios y virtudes. En este proyecto, este personaje sería el compendio de nuestras mayores debilidades.
Homero encarna la glotonería y el consumismo promovidos por la televisión, su oráculo infalible; es el resultado de las décadas precedentes y a sus cuarenta años se niega a madurar, abanderando el movimiento mundial de Peterpanes que cada vez tiene más adeptos compradoresdemuñecos de 200 dólares; Homero es un insatisfecho que siempre quiere más y un consumidor desenfrenado de placer, como buen representante del individualismo contemporaneo. Quienes no lo conocen seguramente podrían juzgarlo por todo lo anterior sin entender que, así como lleva al extremo la inexperiencia de cualquier papá contemporáneo (que paradójicamente son más expertos que las generaciones precedentes), compensa su torpeza logrando ejecutar actos realmente nobles por su familia. Homero es capaz de llevar al límite la irresponsabilidad con sus hijos para luego demostrar (llegando al límite, por supuesto) la mayor de las devociones y amor. Es al mismo tiempo el mejor y el peor padre que alguien puede imaginar.
Todos somos Homero, lo hemos sido o lo seremos, porque este personaje hace eso que a veces quisiéramos hacer pero nos sonroja o reprimimos por considerarlo impropio. Lo paradójico es que Homero es un ser casi instintivo, natural, pero refleja buena parte de nuestra identidad cultural. Es gringo de nacimiento pero universal por adopción, ha funcionado bien la estrategia de unificar al mundo por medio de los TV Shows y por eso a veces sentimos que nos parecemos más a Los Simpson que a Los Reyes.
A pesar del desgaste del show, que lamentablemente cada vez es menos divertido, es cierto que Homero Simpson, heredero directo de Pedro Picapiedra y Mr.Jetson (Sr. Sónico), ocupa un lugar privilegiado en la cultura pop de finales del XX e inicios del XXI.
Pero este cierre es muy pomposo para este comentario por lo que sacaré mi Homero íntimo para decirles: ¡Hasta luego babosos!
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