Mucho se habla en los medios de comunicación de los premios y reconocmientos y es ésta tal vez la única forma en la que una película como "Los viajes del viento" puede figurar en la agenda informativa.  La cinta está en la selección oficial "Una cierta mirada" del Festival de Cannes y esto es en sí mismo más importante que estar en la selección para los Oscar, por la exigencia de calidad que Cannes implica. 
Después de salir de "Los viajes del viento" es posible entender que más que una película, ésta es una experiencia, un gran viaje a pie que debemos hacer muy ligeros de equipaje para poder disfrutar.   Y cuando digo esto me refiero a dejar afuera del teatro los pre-conceptos que tengamos sobre el cine colombiano, pues esta película (para júbilo de los que claman porque el cine colombiano muestre lo "más bonito" del país) no tiene narcotráfico, guerrilla ni malas palabras; es más, casi no tiene palabras en un cine como el nuestro caracterizado por ser tan parlanchín. 
También es necesario dejar afuera de la sala a Hollywood y sus narraciones frenéticas, efectos visuales y explosiones.  "Los viajes del viento" no es Hollywood ni la Colombia que todos, hasta los colombianos, conocemos; es una gran ventana panorámica que nos ratifica lo que siempre sospechamos: que nuestra Costa Caribe es un mundo distinto, fascinante e inexplorado; cuyas leyes y dinámica responden más al realismo mágico que a la "realidad" que vemos todos los días en los noticieros.
Algunos cinéfilos entramos a la sala con grandes expectativas frente a una película de la que sabemos está dirigida a un público minoritario y cuyo antecedente más importante es "La sombra del caminante", ópera prima de su director, Ciro Guerra (quien sólo tiene 29 años), una mirada intimista a la violencia sin una gota de sangre con personajes que son más grandes que sus acciones.
En mi concepto, "Los viajes del viento" no decepciona; pues si el espectador logra relajarse y "frenar" un poco los impulsos y deseos de vértigo que Hollywood nos ha dejado como secuela, podrá disfrutar de una obra cercana, personal; un viaje con dos juglares a través de la cultura vallenata y en donde la gran fotografía y los espectaculares paisajes del mar caribe, la sabana costeña, la sierra y el desierto nos hacen ver a Colombia como nunca la hemos visto.  Es de resaltar la gran riqueza técnica que tiene la película y que nos hace pensar que, por fin, superamos el subdesarrollo tecnológico en nuestro cine, esta película se ve y se oye y en ambos casos la experiencia es gratificante. 
Una de los mejores aspectos de la película, además de sus hermosos paisajes, es la música.  El vallenato tradicional (no el cachaco lastimero y zalamero) es protagonista y con él las leyendas, ritos y personajes más representativos.  El vallenato viaja también en forma de acordeón junto a los protagonistas desde la sabana hasta encontrarse con sus raíces en la gran Sierra Nevada.
Si hay algo que, de todas formas, hay que criticar a la película es la distancia que establece entre los personajes y el espectador.  Es difícil y cuesta mucho tiempo entrar en la dinámica de los personajes y compartir su motivación (que no está clara) en la película, pero poco a poco nos vamos enterando de que estamos ante una gran "road movie" en donde no importa el destino pero sí el camino y las secuelas que deja.  Igualmente, podría criticársele al director de la película su exceso de cinefilia al querer imitar el estilo de maestros del cine como Win Wenders, Antonioni y Glauber Rocha, sin llegar a ser ésta una película intelectualoide.
Seguramente muchos de los que se quejan de que el cine colombiano sólo es violencia y narcotráfico no irán a ver esta película, que a pesar de mostrar lo "bonito" de Colombia es lenta y para muchos aburridora.  Esta es la apuesta de Ciro Guerra y su equipo, un trabajo más antropológico que comercial, un vistazo a ese caribe rico en cultura y tradiciones y en donde es difícil encontrar los límites entre la realidad y la magia:  Es de resaltar que este joven y talentoso director costeño formado en la capital le apueste a un cine que definitivamente no está hecho para los grandes públicos, pero que es cine en todo el sentido de la palabra, por su cuidadosa fotografía, su economía de diálogos y sus riesgos narrativos.