En los últimos días, nuestro amnésico país (acostumbrado a cambiar de página de manera absoluta y escandalosa como si cada día borrara lo del día anterior) sólo habla de las famosas pirámides, las mismas de las que venimos oyendo desde el principio de año, pero que ahora sí son un delicado problema.
Su creciente importancia viene de que son el más reciente salvavidas del presidente para desviar la atención de la opinión pública de temas que lo dejan muy mal parado como el asesinato de civiles a manos del ejército para complacer al Ejecutivo (aunque suena más bonito hablar de falso positivo), la protesta indígena que se trata de acallar y la incompetencia cada vez más evidente de los ministros de su gabinete.
En esta coyuntura se reafirma, inclusive, la labor de sirviente que cumplen RCN (con justicia Radio Casa de Nariño) y los demás medios oficialistas, que parecen dirigidos por el mismo Uribe hacia sus intereses particulares.
Hay mucho que decir sobre la mentalidad mafiosa de los colombianos que llega los límites de la ingenuidad, la falta de control y corrupción de los organismos de control y la legitimidad de un sistema bancario que nunca pierde, pues tiene a su modo licencia para estafar. Sin embargo, algunos buenos columnistas ya han investigado y encontrado mejores argumentos que los míos, por lo que los invito a leer dos buenos artículos que me recomendó mi compañero Juan Carlos Gómez, profesor de la Universidad de La Sabana:
En primera instancia, un texto de Yolanda Reyes para El Tiempo que tiene mucho que ver con el que escribí hace poco sobre el refrán "el vivo vive del bobo". Quienes quieran leerlo, hagan click aquí: El vivo vive del bobo.
En este artículo, la autora reflexiona sobre nuestra laxa moral:
Pero, ¿que tiene eso de malo? por Yolanda Reyes
El otro texto está mucho más relacionado con el caso de DMG con una crítica interesante y seria al gobierno:
El espectáculo murciano por Salud Hernández Mora
Gracias por compartir estos artículos Jerónimo. Toda Latinoamérica mira con preocupación lo que sucede en Colombia y esa justicia selectiva y esa massmediatización selectiva de los sucesos. Es importante dar a conocer la parte de los eventos que se olvidaron de contarnos.