¿Un nuevo cine colombiano?
EL CINE COLOMBIANO ES VIOLENTO
"Es que es el colmo que nos hagan quedar tan mal en el exterior", "¿que pensarán de Colombia?", "que pereza que todo el cine colombiano sea violento","parece que el país no tuviera nada bonito".

He escuchado estas frases mil veces y la verdad es que mi tolerancia frente al tema ya es poca; sobre todo porque a veces es muy difícil soportar una conversación en la que se exhiba tan descaradamente la ignorancia.
El cine colombiano que habla sobre la violencia de Colombia es, realmente, una gran minoría. Muchas de las personas que se quejan de este cine parten de los tres o cuatro títulos que conocen y que son (oh sorpresa) las películas más taquilleras en Colombia (Rosario Tijeras, La Virgen de los Sicarios, María llena eres de gracia, Sumas y Restas, entre otras). A excepción de Sumas y Restas, estos títulos llevan la nacionalidad colombiana sólo por asuntos de producción y, en ocasiones, conveniencia para la industria del cine, pero es importante recordar que son obras realizadas por extranjeros (un belga, un mexicano y un gringo) y que constituyen una mirada foránea sobre nuestra realidad.
De todas formas, pienso que el cine colombiano tiene que tocar el tema de la violencia, un asunto sensible y doloroso. Es cierto que no es el único tema posible, pero no podemos olvidar que el cine debe también ofrecer una radiografía de las sociedades y reflejar la situación social e histórica de los pueblos.
El problema, entonces, no es el cine sobre la violencia es tomar la violencia sólo como un truco efectista y vendedor (pornomiseria) sin tomar una posición o plantear una reflexión sobre el asunto. Si se hace cine en Colombia sobre la violencia que nos lleve a reflexionar sobre las condiciones absurdas en las que ésta se desarrolla, bienvenido sea.
¿UN NUEVO CINE COLOMBIANO?
Con la ley del cine que estamos todavía estrenando, la industría fílmica ha vivido una especie de renovación interesante que ya puede verse reflejada en la cantidad de títulos que se presentan en las salas y, como factor importantísimo, en el aumento de la taquilla para estas películas nacionales.
Este nuevo aire ha dado para que muchos triunfalistas (abundan en el país) hablen ya de un nuevo cine colombiano e, incluso, se refieran descaradamente a un verdadero nacimiento de un cine nacional.
Durante muchos años, oímos e incluso dijimos que el cine colombiano estaba en pañales, por la pobreza técnica y dramatúrgica de quienes se aventuraban a hacer cine con los amigos y las uñas, reinventando en cada película el cine nacional. Hoy en día podemos regocijarnos al descubrir que algunos realizadores tienen la posibilidad de hacer películas con mayor frecuencia y que se ha superado en buena parte el subdesarrollo de lo técnico. El asunto, sin embargo, no puede quedarse en la cantidad de títulos exhibidos; pues también es preocupante ver cómo muchas de las películas que se exhiben en cine son realmente historias televisivas presentadas en la pantalla gigante.
Falta aun mucho, pero se vislumbra una buena posibilidad de profesionalización de los oficios del cine en nuestro país y probablemente llegará el momento (impensable todavía) de que alguien se dedique a hacer cine sin tener que alquilarse a la publicidad y las telenovelas para conseguir fondos.
Hemos superado la época de los pañales, pero no podemos pensar que ya estamos en la adultez. El fenómeno de los últimos años, podría dar para pensar que más bien estamos en una especie de pubertad, llena de ganas y energía, en la que se cometen muchos errores bienintencionados, en la que nos preocupamos mucho por la forma y pretendemos innovar con cada nueva creación, pero en donde no hemos llegado aun a encontrar estilos y narrativas propias del cine nacional.
Es un primer paso importante el que hayamos dejado de pensar en el cine colombiano como si fuera un género y que superemos poco a poco la tentación de poner a todas las películas en el mismo costal, hay una exploración interesante de géneros cinematográficos en la pantalla colombiana y esperamos con ansia el día en que podamos tener más cine de autor, en donde entremos a una sala esperando ver una película de Gaviria, Aljure, Cabrera o Trompetero sin necesidad de pensar que lo hacemos por apoyar el cine de nuestro país.
El día en que asistamos a las salas sin pensar en apoyar (como si hiciéramos caridad) al pobre cine colombiano, el día que nos encontremos a nosotros mismos en las pantallas, será el día en que el cine nacional habrá obtenido por fin su esperada mayoría de edad.
Leo Nieto dijo
Estoy muy deacuerdo! Es imposible tener al cine colombiano dentro de nuestra lástima y debamos ser condecendientes. ¿que piensa del colombian dream? yo tengo un comentario en mi blog y me gustaría conocer su opinión.
¿Hay una corriente que se llame nuevo cine colombiano? acaso Gaviria, Aljure, cabrera y trompetero son nuevos?
31 Octubre 2006 | 05:16 PM