IMPRESIONES DEL CAMPUS PARTY COLOMBIA 2010
Por Jerónimo Rivera Betancur
Comparto con muchas personas que conozco y que son de mi generación (nacidos a mediados de los años setenta) haber sentido alguna vez un gran recelo frente a la tecnología que nos llevó a "echarnos el cuento" durante muchos años de que los aparatos no hacían falta, que nos hacían inhumanos, que un celular es para hablar y ya, que las máquinas es mejor no tocarlas porque de pronto se dañan y otra cantidad de falacias que poco a poco hemos ido revaluando.
No puede culpársenos de esto a quienes crecimos en medio del miedo a todo y que incluía por supuesto el del temor al botón mágico que todo lo borra con efectos irreversibles. En nuestra niñez las perillas del TV y de la estufa no podían girarse más que en un sentido porque se dañaban, había que recalentar los aparatos para que encendieran y había que esperar a un papá para que prendiera el sofisticado betamax (los niños no pueden coger esas cosas). Mi primera experiencia con el computador (Increíblemente tardía, por cierto) fue un grito que me pegó mi compañera de silla en el curso de Windows 95 (cuando ya estaba a punto de graduarme de la U): "¡Primero prende la CPU y luego el monitor!".
Ahora no es así, ya los niños no le temen a la tecnología, nacieron y crecieron con ella y los fabricantes les hicieron el favor que a nosotros nos negaron de diseñar productos amigables con el usuario, de fácil manejo y, como se dice, a prueba de bobos (los papás por supuesto).
Estos comentarios de introducción nos llevan a la semana pasada, en la que se llevó a cabo en Bogotá un evento al que yo denominaría como "un gran laboratorio" de las interacciones humanas de nuestros tiempos. Este nombre tan sofisticado que propongo no hace otra cosa que dar status a algo tan elemental que realmente sorprende.
El Campus Party 2010 es un evento que nació hace unos años y que se ha extendido por el mundo, una especie de encuentro de toda clase de personajes disímiles entre sí, pero con un solo tema en común: Su amor por la tecnología en sus distintos niveles, desde la coquetería de personas como yo hasta el amor apasionado, desmedido y sin condiciones de muchos personajes que acamparon allí una semana para no perder la oportunidad de estar permanentemente conectados.
Al llegar allí con ojos desprevenidos, es posible pensar que no pasa nada. Muchas personas en un amplio espacio conectadas a sus equipos, otros simplemente acostados escuchando música, viendo los partidos del mundial, jugando videojuegos o simplemente durmiendo. Cualquier viejo bravucón les hubiera gritado inmediatamente: "Haraganes, ¡hagan algo útil, ociosos!". Al pasar un rato y hacer un primer recorrido es realmente sorprendente darse cuenta de la cantidad de interacciones que están ocurriendo allí y que no tienen nada que ver con lo que se percibe a simple vista.
Como en una competencia de carros "engallados", aquí los intervenidos son los PCs que, en todos los tamaños y colores posibles evidencian el amor de su dueño, que los consiente con programas, piezas o diseños que los hacen únicos y, quizás, irrepetibles. El software libre, la creatividad, la innovación, las redes sociales, los desarrollos en videojuegos, la robótica, la domótica y toda clase de palabras que parecen sacadas de la ciencia ficción se hacen presentes en un evento en el que predomina lo colaborativo.
Cada uno de los que allí están, interactúa con otros por medio de sus equipos, pero aquellos que pondrían el grito en el cielo por la "deshumanización tecnológica", tendrían que permanecer callados al notar que un simple "voy a tomar café ¿Quién se anima?" obtiene como respuesta dos o tres voluntarios y un "necesito un cable XYZ" también llama a algunos desconocidos prestos a ayudar desinteresadamente.
Renglón aparte merecen las conferencias o conversatorios. Desde la invitación que a mí me hicieron, me di cuenta de que iba a hablar junto con @xpectro, @ranaberden, @camicant, @traficantes2010 y otros que para mí no tenían una cara ni una hoja de vida, pero sí una trayectoria y gran ventaja frente a mí, que sigo siendo @jeronimorivera en cualquier escenario de mi vida. En el conversatorio, sin embargo, me di cuenta de que tengo mucho más en común con estas personas de lo que yo pensaba y a mis treinta y pico ya no me sentí tan viejo.
En el Campus se presentan varias charlas al mismo tiempo y la gente va y viene de una a otra sin problemas (pues no hay espacios cerrados) y aunque el sonido puede causar alguna interferencia, el efecto se minimiza porque quienes están sentados al frente como invitados también pueden ser vistos en las grandes pantallas del Campus o en las pequeñas de los computadores y celulares conectados a transmisiones de Stream TV, en donde personas en Colombia o en otros países, siguen en tiempo real a quienes están hablando.
En mi experiencia personal, me intimida un poco (como orador analógico acostumbrado a un público que me mira y de vez en cuando, no sé si por cortesía, asiente con la cabeza), hablar frente a personas que miran sus pantallas y que quizás están siguiendo la conferencia y comentándola en twitter, mandando mensajes en facebook, chateando con alguien en Messenger, subiendo fotos al flickr, o quizás todas los anteriores. La intención de los conversatorios y de algunos de estos espacios no es otra que la de abrir discusiones que continuarán en alguna red social y prueba de esto es el aumento de personas que empiezan a seguirnos en twitter con el interés de hablar de lo que no se dijo en las charlas, rompiendo con esto las barreras de tiempo y espacio que usualmente existen en los programas académicos.
El Campus Party es un evento que crece en el mundo y Colombia no es la excepción, es un espacio al que tenemos que mirar los académicos si queremos entender las nuevas dinámicas juveniles y no quedarnos rezagados sólo replicando prácticas ortodoxas. No todo es positivo, por supuesto, pues como me decía mi amigo Juan Escobar, a quien reencontré allí después de mucho tiempo, "una cosa es estar conectado y otra muy distinta estar abandonado". La tecnología no es la panacea ni la solución a todos los problemas del mundo, pero tampoco es el enemigo malvado que deshumaniza a la sociedad. Como todo, esto depende del uso que le demos, pero es cierto que si queremos "conectarnos" con las dinámicas del mundo actual, tenemos que empezar a trabajar en red, pues el mundo ya no es ancho y ajeno, está aquí y ahora.